Expandir la universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia. Ideas hacia un modelo híbrido post-pandemia

Expandir la universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia. Ideas hacia un modelo híbrido post-pandemia

Desde marzo de 2020, la mayoría de autoridades universitarias del mundo han decidido cerrar sus campus y han movido su oferta hacia una formación a distancia facilitada por tecnología educativa. Esto ha significado el rediseño obligado y en tiempo real de millones de actividades y experiencias de formación que pasaron de ser presenciales a realizarse exclusivamente en plataformas digitales. Este movimiento hacia la virtualidad impuesto por la pandemia del COVID-19 está resultando un desafío inevitable que obliga a actuar incluso a aquellos actores que son más resistentes a una mayor apropiación de la cultura digital. Las instituciones tradicionales ahora deben concebir las experiencias de aprendizaje remoto como un aspecto central del proceso integral de formación. Este enclaustramiento global también representa una gran oportunidad para quienes promovemos que los docentes universitarios dejen de ser meros divulgadores de contenidos y se transformen en diseñadores de experiencias de aprendizaje. Junto a mi gran amigo y colega Cristóbal Cobo hemos decidido dedicar el mes de abril para investigar lo que estaba sucediendo con las universidades en el mundo y hemos escrito un ensayo (74 páginas) para entender juntos este difícil equilibrio entre confinamiento y enseñanza universitaria.

Pardo Kuklinski, Hugo; Cobo, Cristóbal (2020). Expandir la universidad más allá de la enseñanza remota de emergencia Ideas hacia un modelo híbrido post-pandemia. Outliers School. Barcelona. Descarga libre y gratuita.
 
Les comparto el epílogo del ensayo:

La sociedad moderna nunca había experimentado de manera tan compleja, global e intensa una paralización de todas sus actividades. Aún es muy temprano para hacer diagnósticos o para predecir en detalle posibles impactos. El escenario posterior al confinamiento será adverso, especialmente para aquellos que están en situaciones de mayor vulnerabilidad económica y social. Más allá de la experiencia de la enseñanza remota de emergencia, tendremos que ver si este escenario abre nuevos intereses en repensar las formas de enseñar en la universidad y de reconocer lo aprendido. Este ensayo sugiere posibles rutas de navegación. Quedarán otros aspectos para desarrollar de la visión aspiracional de un campus universitario expandido: físico + digital + orgánico + emocionante.

Vivimos un momento de profundas emociones. Tristeza y esperanza, a la vez. Esperanza de saber que podemos ser mejores de lo que somos como sociedad y que para serlo es necesario apoyarnos en la comunidad, la creación colectiva, el conocimiento y la ciencia. La universidad es la institución que mejor reúne esos valores. Kelly (2016) señala que “nuestra gran invención en los últimos doscientos años no ha sido algún producto en particular, sino el método científico. Este proceso de cambio constante y mejoras fue un millón de veces mejor que cualquier cosa que se haya inventado.”

En el trayecto de salida de la pandemia actual, la universidad no puede estar en el asiento del pasajero sino del conductor. El conocimiento científico de excelencia, vanguardista y en conexión con el saber producido en diferentes centros de investigación del mundo, serán la mejor forma de alcanzar soluciones a los retos actuales. Desafíos no solo vinculados con las problemáticas sanitarias sino que atendiendo también a todos los retos que traerán la (larga) etapa de recuperación posterior: reducción de inequidades, apoyo a los más rezagados, formas más inclusivas de enseñanza, nuevos mecanismos de subvención y reactivación, socialización del conocimiento, innovaciones medioambientalmente sostenibles, automatización de procesos, recalificación de la fuerza laboral, entre muchos otros. La universidad tiene una oportunidad irrepetible de responder con protagonismo y relevancia a estos retos que apenas empezamos a comprender.

Necesitamos ser mejores científicos y académicos para crear y compartir los datos que ayuden a los gestores públicos a tomar decisiones más inteligentes con los recursos de todos los ciudadanos. Necesitamos investigadores sin precariedad laboral, pero a la vez debemos ser mejores cientistas. Debemos repensar la producción endogámica de artículos de investigación que nos exige el sistema de acreditación, pero que no agregan valor a la conversación social ni decantan en transformación real. Alguna vez le escuchamos decir al Dr Pablo Vera Salazar -Rector de la Universidad del Magdalena (Colombia), que “el conocimiento sin compromiso de transformación puede convertirse en vanidad.” La transformación social a través de la innovación y los nuevos paradigmas científicos no es solamente su enunciación, sino principalmente su ejecución y su escalabilidad.

La pandemia nos trae mucha incertidumbre y nos muestra vulnerables. Se trata de un fenómeno que ocurre a una escala tan grande que nos costará entenderlo del todo y probablemente trascenderá nuestro propio ciclo de vida generacional. La paradoja de la ciencia es que a cada nuevo descubrimiento o invención, suceden en paralelo nuevas ignorancias e incertidumbres. La ruta post-pandemia que debe ofrecer la universidad es hacia nuevas y mejores certidumbres, en un entorno híbrido que haga banal e invisible la diferencia entre el aprendizaje virtual y el presencial. La revolución científico-tecnológica está liderando la solución a la crisis sanitaria y la cultura digital nos ha permitido seguir socializando globalmente a pesar del confinamiento. No es un éxito menor. El esfuerzo de médicos, enfermeros, epidemiólogos, infectólogos, matemáticos, cientistas sociales y educadores nos ha ayudado a salir adelante y pone en evidencia a personas y corporaciones frívolas y egoístas que poco tienen para aportar al conjunto social. Con el crecimiento de las redes digitales, las soluciones ya no son solamente responsabilidad de los Estados, las corporaciones y los partidos políticos. Es el momento para que cada persona sea un nodo activo en su propia red y evolucione hacia ser un factor de cambio.

El arqueólogo Eudald Carbonell Roura (2020) * enseña “que los humanos debemos evolucionar hacia una conciencia operativa. No solamente abstracta. Porque la conciencia es la fusión de la inteligencia con la organización social de nuestra especie.” La universidad es corresponsable de repensar mejor nuestra conciencia crítica de especie. Y el momento es ahora. Cristóbal y un servidor. 10/05/2020. Descarga libre y gratuita

 

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