El declive de Facebook: lo que debería haber sido y no fue. Sobre la visión (compartida) de Jaron Lanier.

El declive de Facebook: lo que debería haber sido y no fue. Sobre la visión (compartida) de Jaron Lanier.

¿En qué espacios y plataformas ponemos la energía para conectarnos con los demás? ¿Qué porcentaje de vida privada y profesional deberíamos exponer en las redes sociales? ¿Qué decisiones toman los algoritmos adaptativos sin nosotros saberlo? ¿Cómo se gestionan todos nuestros datos? Estas preguntas las vengo respondiendo desde hace más de una década con la trilogía de libros propios -Planeta Web 2.0 (2007), Geekonomía (2010) y Opportunity Valley (2014)- sobre cultura y economía digital. En 2018 un ensayo de Jaron Lanier ha dado un fuerte golpe en la mesa de discusión sobre lo que Facebook y otras redes sociales no quisieron y no pudieron resolver y cómo esta plataforma se ha convertido en un gran incordio de opacidad, tonterías y fomento de grietas sociales, como bien se señala en la entrevista que la revista Telos de Fundación Telefónica le hizo a Lanier en septiembre pasado -y la videoconferencia que se ve a continuación-. Su crítica más sólida se hace en el libro que reseñaré más adelante.

Los inicios de las plataformas colaborativas y la Web social nos hacían una gran ilusión. En 2007, con Cristóbal Cobo creíamos en que la sabiduría de las multitudes haría que en las plataformas sociales cien cerebros pensarían mejor que uno para dejar en manos de la comunidad todo el poder. Nos fascinaba un entorno de coordinación sin jerarquías y la evolución del peer to peer de Napster hacia otros entornos digitales descentralizados. Nos apoyábamos en Steven Johnson (2001) cuando daba el ejemplo de sistemas descentralizados como las colonias de hormigas que haría que los encuentros arbitrarios permitirían a los individuos calibrar el macroestado del sistema. El caso es que en las diferentes iteraciones de Facebook durante una década, su diseño se fue torciendo y su modelo de negocio basado en algoritmos adaptativos y publicidad nos han colocado hoy en una sociedad falsaria que debemos analizar: mucho postureo para esconder lo que verdaderamente nos sucede, cámaras de eco y sesgos de confirmación que profundizan las diferencias y las transforman en agresiones y ciberacoso, trolls, noticias y perfiles falsos que solo buscan distorsionar nuestras conversaciones, y una línea de tiempo de contenidos que no controlamos y nos manipula.

Un breve ensayo propio de 2014 respondía también alguna de esas preguntas iniciales. En Wikileakers de nuestras vidas decía: “Soy un ferviente defensor de la visibilidad profesional y del uso de las redes sociales para potenciarla. Considero que el derecho a la privacidad será una fuerte demanda social en la próxima década, y en este sentido debemos promover usos más inteligentes de la Red. Creo que será una de las próximas fronteras del debate en las ciencias sociales. Sugiero una mayor visibilidad en los intereses profesionales, pero limitando el acceso de nuestro amplio entorno social a la vida privada, mucho más aún en el campo de lo emocional.”

Es cierto que compartir lo que pensamos y hacemos nos trae más beneficios que dificultades, ya que difundimos nuestras ideas, obtenemos atención y ganamos confianza a través de la transparencia. Pero es imprescindible comprender las lógicas de funcionamiento de empresas como Facebook. Bajo estos razonamientos introductorios, recomiendo la lectura de Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato., de Jaron Lanier (2018). Se trata de uno de los ensayos más críticos que he leído en los últimos años sobre la evolución de Internet y la geekonomía, yendo directo al corazón del funcionamiento de Facebook, pero también atacando a Google, a Twitter y otras plataformas sociales. Comencemos por las palabras más críticas y directas de Jaron Lanier: “De forma ingenua, plantamos los cimientos de monopolios globales. Hicimos el trabajo más difícil en su beneficio. Nuestro idealismo libertario inicial tuvo como consecuencia la aparición de colosales monopsonios de datos globales.(…) Se ha convertido en algo normal la vigilancia generalizada y la manipulación sutil y constante. Es inmoral, cruel, peligrosos e inhumano. ¿Quien sabe quien podría usar ese poder y para qué?” Con referencia a Facebook (a lo que Lanier llama Incordio), cuestiona: “Las personas listas deberían borrar sus cuentas hasta que estén disponibles variables no tóxicas.(…) Sin otra cosa que hacer que aspirar a la atención de los demás, las personas normales suelen transformarse en idiotas. Este sesgo intrínseco favorable a la idiotez marca el funcionamiento de todas las partes de la máquina. (…) El problema es un modelo de negocio cuyo incentivo consiste en encontrar clientes dispuestos a pagar para modificar el comportamiento de otras personas. Hay que cambiar la forma en que se gana dinero, que genera incentivos perversos y corrompe a las personas. (…) El sistema que estoy descubriendo amplifica las emociones negativas más que las positivas, por lo que es más eficiente a la hora de perjudicar a la sociedad que la de mejorarla.” En us análisis crítico, Lanier excluye a las productoras de hardware como Apple, así como a Netflix, eBay o Linkedin: “Linkedin es la red social con menos porcentaje de idiotas. Gana dinero conectando empleados con posibles empleadores, en lugar de hacerlo manipulando a las personas para que realicen compras o modifiquen su comportamiento en otros aspectos no relacionados con la temática de la red.” Veamos como Jaron Lanier desmenuza su crítica a Facebook en diez razones.

 

 

Razón 1. Estás perdiendo el libre albedrío.

En la economía de la atención, donde fluya la atención, fluirá el dinero. Ya sabemos que en un mundo de abundancia de información, lo único que escasea es nuestra atención. Filtramos y somos filtrados por todo tipo de actores: ciberintermediarios, curadores, marcas, gobierno, entorno cultural, amigos y nosotros mismos. Facebook utiliza técnicas conductistas como parámetro de sus algoritmos adaptativos para llevarte a donde la plataforma quiere que hagas click. Lanier escribe: “No está bien llamar publicidad a la manipulación directa de las personas. Antes los anunciantes tenían contadas ocasiones para intentar vender sus productos, y ese intento podía ser subrepticio o molesto, pero era pasajero. (…) Lo que en otra época podría haberse llamado publicidad ahora debe entenderse como la modificación continua de la conducta a una escala colosal.”  

Razón 2. Renunciar a las redes sociales es la mejor manera de resistir a la locura de nuestro tiempo.

Janier Lanier propone dejar Facebook y otras redes que manipulan influenciando el comportamiento de sus usuarios como forma de monetización a través de la gestión de los datos y los clicks de anuncios y contenidos. “Si al participar en cualquiera de las plataformas de Internet detectas algo desagradable en tu interior, una inseguridad, una sensación de baja autoestima, un anhelo de atacar verbalmente a alguien, abandona esa plataforma. Así de sencillo (..) No merece la pena. No publiques ese video con insultos, no tuitees como represalia.”

A pesar de muchas comunidades productivas, Facebook y Twitter también han construido “una sociedad falsaria de falsas muchedumbres, bots, reseñas falsas, personas falsas, perfiles automatizados y un vandalismo social invisible.” Lo más preocupante del análisis de Lanier es su razonamiento de que Facebook modifica nuestros estados de ánimo sin siquiera enterarnos: “si resulta que ciertos tipos de publicaciones nos entristecen y un algoritmo está intentando que estemos tristes, aparecen más publicaciones de esa clase. Ni siquiera nos damos cuenta que estamos siendo manipulados. El efecto es sutil, pero acumulativo.” Esa comprensión quizá nos lleve a profundizar dicha relación a los lazos sociales fuertes y a un grupo más pequeño de personas asociadas a nuestros intereses profesionales, pero a su vez limitar lo que expresamos a los lazos sociales débiles más amplios y difusos. Convertirse en un verdadero influenciador en las redes no implica necesariamente acercarse a la masividad desde la superficialidad. Aunque suene a trabalenguas, quienes son influencias de pocas personas -a su vez influyentes- son más eficientes que quienes influyen a un montón de gente -que a su vez no son influencia de nadie-.  

Razón 3. Las redes sociales te están convirtiendo en un idiota.

Para Lanier, “Desde que se han popularizado las redes sociales, lo que dicen los idiotas tiene más eco en el mundo. Lo que necesitamos es algo que sea real más allá de las apariencias sociales y en lo que las personas puedan centrarse en lugar de convertirse en idiotas.” Habíamos cuestionado en 2015 las palabras que Umberto Eco decía: “las redes sociales le dan la palabra a una legión de imbéciles“. Pero este razonamiento empieza a adquirir sentido para quienes apreciamos la sabiduría de las multitudes en el excedente cognitivo, pero hoy cuestionamos el masivo y tóxico comportamiento de los trolls y las exacerbadas cámaras de eco de las personas. Lanier nos sugiere la introspección: “Cuando nuestro interruptor solitario/manada se pone en modo manada, nos obsesionamos con un orden jerárquico que acaba por controlarnos. (…) Cuando uno es un lobo solitario, se ve obligado a establecer contacto directo con una realidad más amplia, indiferente a lo que piense la sociedad. Su personalidad cambia: debe resolver problemas a partir de las evidencias que uno mismo recopile, en lugar de prestar atención al grupo. Adopta rasgos propios de un científico o artista.”  

Razón 4. Las redes sociales están socavando la verdad.

Leí hace poco al escritor Jordi Carrión que decía en Twitter: “La posverdad no es más que una variante del auténtico problema: la hegemonía de la opinión. La opinión sin periodismo, sin datos, sin estudio. La opinión como género literario, com forma de la ficción.” Uno de los cuestionamientos que todos hacemos a las redes sociales es la impunidad con la que bots y otros perfiles falsos se mueven por sus interfaces creando noticias falsas, reseñas positivas o negativas, dando clicks a contenidos o incluso influenciando en las prioridades de nuestra línea de tiempo, ante multitudes de usuarios acríticos que comparten o divulgan ese ruido. Para Lanier, “En esta era de INCORDIO, la información que les llega a las personas es el resultado de la interacción entre anunciantes manipuladores, empresas tecnológicas ebrias de poder y desquiciadas, y competiciones por el estatus social rediseñadas. Eso significa que hay menos autenticidad en la exploración social que nos ayuda a encontrar la verdad.” Por otra parte, en este mundo de perfiles falsos, ¿porque creernos las cifras de consumo que Facebook nos da?

Siempre nos alegramos porque las bajas barreras de entrada de las plataformas sociales hacían suponer un mercado muy competitivo en el campo de la información. Sin embargo muchos tememos que pierda definitivamente ese espíritu. En Move fast and break things. How Facebook, Google and Amazon cornered future and undermined democracy (2017), Jonathan Taplin habla de las externalidades negativas en la que debemos enfatizar para construir una contranarrativa del digitalismo. “Como si fuesen petroleras, Google y Facebook están en el negocio de la extracción. Su negocio es extraer datos personales a la mayor cantidad de gente posible el precio más bajo posible, y revender esos datos a la mayor cantidad de empresas posible al mejor precio posible. Y esa política de extracción crea externalidades.”  

Razón 5. Las redes sociales están vaciando de contenido todo lo que dices.

Una de los aspectos más interesantes del ensayo de Jaron Lanier es su análisis sobre la construcción de contexto en Facebook, agravada por el hecho de que se trata de una fuente primaria de noticias para muchos ciudadanos en todo el mundo. Ya sabíamos mucho sobre como los medios tradicionales crean contexto e ilusión de objetividad y configuran la agenda pública, pero el algoritmo adaptativo de Facebook es mucho más sutil y eficiente por el hecho de creer que estamos conversando naturalmente con nuestros amigos, sin filtros ni ediciones externas. Dice Lanier que “cuando se cede el contexto a la plataforma, la comunicación se vuelve insignificante y superficial. INCORDIO sustituye nuestro contexto por el suyo. (…) Incluso cuando los lectores son reales, no falsos, los algoritmos lo dirigen hacia determinado contenido, por lo que sus elecciones no son realmente independientes. (…) No podemos decirle a alguien adonde tiene que ir y luego afirmar que descubrimos algo porque nos enteramos de adonde ha ido esa persona.”

 

 

Razón 6. Las redes sociales están destruyendo tu capacidad de empatizar.

A partir del brillante texto de 2012 de Eric Pariser, The Filter Bubble: How the New Personalized Web Is Changing What We Read and How We Think, ya escribimos sobre los sesgos de los filtros burbuja y el universo particular que Google había creado para todos los usuarios. Esta personalización afecta la capacidad de ponernos en contacto con personas y pensamientos diferentes a los nuestros, y cuando la solución a tu problema requiere bisociación de ideas, el filtro no ayuda. Para Parisier: “Google es bueno para encontrar lo que “sabemos” que queremos, pero no lo que “no sabemos” que queremos. Lo mejor que la personalización trabaja, lo menos exploratorios que somos.”

Volviendo al ensayo de Jaron Lanier, coincide con Parisier en que “cuando todos vemos mundos distintos y privados, nuestra percepción de la realidad real se resiente. ¿Podríamos imaginar que Wikipedia mostrase distintas versiones de sus entradas a cada persona basándose en su perfil secreto? Pasa todo el tiempo con el hilo de contenidos de INCORDIO. (…) La empatía es el combustible que mueve una sociedad decente. En su ausencia, no hay más que áridas normas y luchas de poder.”  

Razón 7. Las redes sociales te hacen infeliz.

Para Lanier, “los investigadores de Facebook han llegado prácticamente a alardear de que podían hacer infelices a las personas sin que estas fuesen conscientes de por qué.” En ese sentido, comparto un articulo anterior de Lanier en The New York Times: Should Facebook Manipulate Users? ¿Nos hace sentir bien navegar en las redes chusmeando la vida de los demás? Para Lanier: “Las redes sociales nos entristecen. El establecimiento de estándares de belleza, un status social inalcanzable, la vulnerabilidad ante los roles. A veces no puedo quitarme esa idea de la cabeza.”  

Razón 8. Las redes sociales no quieren que tengas dignidad económica.

Aquí donde podemos entrar de lleno en la crítica al solucionismo tecnológico de Silicon Valley. Ya sabemos mucho sobre la evasión de impuestos de las empresas tecnológicas y la negativa de las redes sociales a pagar por la producción de contenidos a los usuarios. Parece no existir un sentido de responsabilidad social y prosperidad compartidas, sino un modelo de negocio agresivo basado en la monetización rápida y el beneficio prioritario de los inversores de capital riesgo. Los Estados deberían regular servicios como Uber o Glovo y otras empresas y exigirle el pago de sus impuestos nacionales. Muchas de las start-ups que impulsaron esta revolución ya se convirtieron en poderosos monopolios globales bajo la lógica de ganador toma todo. Esto nos obliga a mantener un espíritu crítico sobre lo que sucede, dada la débil regulación del ecosistema digital en defensa del interés común de los ciudadanos y de una prosperidad compartida. En esta era digital, capitalismo y monopolios solo existen armónicamente porque aún no existe una narrativa poderosa del lado B de esta contracultura digital y quién sufre sus externalidades y posibles adyacentes. Ya escribí sobre esto en Hacia una contranarrativa del digitalismo. Sobre los monopolios GAFA, un profundo articulo sobre lo que sucede en el ecosistema tecnológico californiano.

Allí decía sobre un reciente viaje a California: “Lo que observé ayer en Los Ángeles lo supera todo de modo alarmante. Según varias cifras periodísticas, existen 140.000 personas sin hogar solamente en California. Y aquí voy donde quiero llegar. Mientras trabajé en Silicon Valley siempre escuché decir a los emprendedores que ellos venían a cambiar el mundo y sin dudas lo han hecho y lo seguirán haciendo. Pero siempre me queda ese sabor amargo de pensar quienes han sido los mayores beneficiarios de ese cambio: ¿los inversionistas o la sociedad civil en general? Veo que en la propia California, luego de 30 años de contracultura digital, estas empresas y sus capitalistas de riesgo no han podido -o querido- contribuir a solucionar esta enorme crisis humanitaria. Y el problema sigue agravándose. Comparto este artículo de noviembre de Kara Swisher también en en The New York Times:

“Nadie en Silicon Valley puede resolver la falta de vivienda o revisar como contratar con diversidad, pero once empresas de scooters eléctricos han recibido capital riesgo. Ah, y también una companía que usa robots para hacer pizza. Y luego se preguntan por qué hay una reacción contra la industria tecnológica.”

Jaron Lanier hace un análisis en el mismo sentido: “Disrumpiremos la medicina, la educación, el transporte, incluso el ciclo de vida y muerte, pero tenemos un punto ciego sobre nuestro método básico de funcionamiento. Hemos consagrado la creencia de que la única manera de financiar una conexión entre dos personas es a través de una tercera que paga para manipularlas. (…) Inicialmente esto no parece algo distópico. Los primeros anuncios en Google eran graciosos e inofensivos. Pero a medida que Internet, los dispositivos y los algoritmos evolucionaron, la publicidad mutó inevitablemente en modificación conductual de masas.”  

Razón 9. Las redes sociales hacen imposible la política.

Ya mencionamos los efectos no deseados de las cajas de resonancia y el sesgo de confirmación en las enfadadas tribus en Facebook. En este sentido también escribe Fréderic Martel en Smart. Internet(s): la investigación (2014). Para Martel, Internet “está territorializado, conectado por vínculos físicos, materiales y reales. (…) Por sorprendente que pueda parecer, Internet no suprime los límites geográficos tradicionales, ni disuelve las identidades culturales, ni allana las diferencias lingüísticas, sino que las consagra.” En tanto para Lanier: “la tragedia de los rohinyá en Myanmar ha sido incentivada en parte por las publicaciones sucias dirigidas contra esta etnia en Facebook.” Naiara Galarraga analiza en El País de España el tema con mayor profundidad. Vale como ejemplo también la ilusión de la primavera árabe con la que todos nos ilusionábamos en su momento terminó en una enorme decepción y una contraofensiva conservadora. Para Lanier, “Lo que las redes sociales hicieron entonces y lo que hacen siempre es creer ilusiones de que podemos mejorar la sociedad con solo desearlo; de que las persona más sensatas saldrían ganadoras en las contiendas; y de que de alguna manera, la cuestión del bienestar material se resolvería sola.” Se cuestiona Lanier: ¿Recuerdas a los entusiastas de Bernie Sanders? ¿Recuerdas que estuvo bien visto en círculos progresistas ridiculizar cruelmente a Hillary como si hacerlo fuese una obligación religiosa? En la era de INCORDIO no podemos saber cuánto tenía de espontáneo y cuanto de organizado.  

Razón 10. Las redes sociales aborrecen tu alma.

La viralidad no es la verdad, solo popularidad inducida. Según Dawkins, los memes son unidades de cultura de elección darwiniana. Pero la comprensión del funcionamiento del algoritmo de Facebook nos indica que la construcción del meme está manipulada. Si tu línea de tiempo se adaptará siempre para que hagas más clicks y pases más tiempo en la plataforma, existe poco de tí en la decisión de legitimar un contenido como meme, dado que la plataforma lo hace por tí. Ya escribí un artículo hace unos meses sobre ¿Quién valora al valorador? Una entrevista sobre los nuevos árbitros de consumo y la sabiduría de las multitudes. Para Lanier, “cualquier otra observación que sea más viral deshará la nuestra. Esto es así por diseño. Los arquitectos de INCORDIO eran creyentes del meme. (…) No tengo ni idea de cuánta gente cree que Google está a punto de convertirse en el amo y señor de la vida eterna, pero sin duda la retórica juega un papel a la hora de hacer que parezca natural y aceptable que una empresa INCORDIO acumule tanto conocimiento y poder sobre la vida de tantísima gente.”

La discusión seguirá por mucho tiempo y se incorporarán muchos más lecturas críticas hasta que Facebook se coma a sí mismo o caiga definitivamente. Kevin Kelly ya nos enseña que volverse otra cosa y fluir son dos de las fuerzas inevitables del postdigitalismo.

 

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

15 + 14 =

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>


Nei casi di sovradosaggio bisogna consultare un Nei casi di sovradosaggio bisogna consultare un buy original Australian cialis Cialis Tadalafil kopen Buy cheap Generic Viagra Online in South Africa viagra